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Subir el salario mínimo: ¿un impulso a la demanda o una medida temeraria en medio de la crisis?

Es lo que sucede, por ejemplo, a la hora de equiparar la subida del SMI con un incremento de la demanda y el consumo. Desde la bancada sindical se mantiene que una mejora de los sueldos en aquellos que menos cobran repercutiría en una inyección inmediata en el gasto. “Eso es lo que necesitamos en estos momentos y este grupo de personas beneficiadas, que serían unos dos millones, van a convertir prácticamente el 100% de esa mejora en demanda, con la que se va a romper la dinámica de ahorro que se ha registrado en los hogares en los últimos meses”, defiende Carlos Martín, director del Gabinete Económico de CC OO, que en su reunión del martes con el Gobierno reclamó una subida del 1,8%. Según su perspectiva, congelar el salario mínimo sería “contraproducente” y generaría “una dinámica procíclica” a la caída de la economía.

Sin embargo, de llevarse a cabo esta subida sería un paso más en una curva que no ha dejado de crecer en los últimos años. Pero, ¿con qué resultados? “El único intento de evaluar cuáles fueron los efectos de las anteriores subidas del SMI en el empleo lo llevó a cabo la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) y fue un ejercicio pequeño, con microdatos, que determinó que tuvieron poca incidencia. Sin embargo, el panorama ha cambiado dramáticamente con la aparición de la covid-19”, apunta Marcel Jansen, profesor en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador desde 2009 con la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). “Las subidas del SMI antes de la covid han mejorado las vidas de muchas personas, pero la perspectiva ahora ha cambiado. Si queremos mejorar el poder adquisitivo de personas con bajos salarios debemos huir de pensar que esto se hace solo con mejorar el salario mínimo”, amplía.

En España, a diferencia de otros países europeos en los que existe también la figura del SMI, la cuantía del sueldo base se determina de manera universal e indiscriminada para todos los trabajadores de los distintos sectores, una particularidad sobre la que se apoyan algunas voces contrarias a un nuevo aumento. “Hay sectores que pueden absorber un incremento del SMI porque no han sufrido tanto en la crisis y se han recuperado bastante bien, como buena parte de la industria, o los servicios profesionales. El problema está en otros como la hostelería o el turismo, donde se concentran empresas muy endeudadas y que en estos momentos están al borde de la insolvencia”, advierte Raymond Torres, director de coyuntura en Funcas.

“Una persona que tenga, por ejemplo, un bar y a sus trabajadores en ERTE, si a la hora de reincorporarlos encima les tiene que pagar más puede llegar a tomar la decisión de cerrar. En el corto plazo puede parecer mejor subir el salario que no hacerlo, pero mirándolo en perspectiva es pan para hoy y hambre para mañana”, se suma José Luis Fernández, director de la cátedra Iberdrola de Ética Económica. “Tomar una medida como esta sería un jarro de agua fría para todas aquellas pequeñas empresas que son, en el fondo, las que van a estimular las contrataciones”, añade.

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