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Subir el salario mínimo: ¿un impulso a la demanda o una medida temeraria en medio de la crisis?

“No entenderíamos, de ninguna de las maneras, que no se suba el SMI. No hay ninguna razón objetiva. ¿Qué pasa, que en Portugal, que ha subido el SMI un 4,7%, no ha habido pandemia?”, aseveró Pepe Álvarez, líder de UGT, el martes en una entrevista en Espejo Público. Desde su sindicato abogan por una subida del 5% con la que se alcanzarían los 1.000 euros, que se repartirían en 14 cuotas, otra de las diferencias con respecto al resto de países europeos.

No solo el origen vírico de esta crisis económica determina, a juicio de los expertos consultados, la relación de medidas a adoptar para solventarla. También influye otra serie de valores alejados de las tablas económicas y que se esconden en el interior del individuo. “En esta crisis el factor psicológico tiene mucha importancia, y la incertidumbre es un agravante nuevo. En la primera ola se resolvió este problema con los ERTE y los créditos ICO, pero en la segunda ola no vale porque tenemos empresas que están endeudadas. Y ahí es donde el SMI puede incidir negativamente. En países como Francia, por ejemplo, abogan incluso por subvenciones salariales para las empresas de los sectores más afectados con los que quieren evitar que se reduzcan las plantillas”, relata Torres. “Si luchamos por un SMI justo y digno no podemos romper la baraja unilateralmente ni en un sentido ni en otro. No creo que este sea el momento de prometer algo así”, remacha Fernández.

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