Ese reparto de papeles era posible no solo por la buena sintonía personal de los dos directivos, sino también por el papel predominante de la Fundación La Caixa en el accionariado, que de alguna forma le garantiza el control del banco fusionado. A eso se unía que CaixaBank ya tenía un presidente no ejecutivo, Jordi Gual, que La Caixa no tenía especial interés en mantener en su cargo.
En el caso de BBVA, sin un accionista de referencia y con un reparto diferente del poder, no se da una situación similar. Además, la diferencia de edad entre Josep Oliu, presidente de Sabadell, de 71 años, y la de Carlos Torres, presidente de BBVA, de 54 años, es muy marcada. Y la diferencia de tamaño y de valor de mercado entre las dos entidades es mucho más significativa, con una relación de 10 a 1: BBVA vale en Bolsa unos 24.000 millones y Sabadell alrededor de 2.400 millones.





