
El Ejecutivo italiano crea una aplicación para evitar el pago en efectivo, que devolverá a los ciudadanos el 10% de las compras que realicen con tarjeta

―¿Con recibo o sin recibo?

La pregunta es un clásico ya a pleno derecho de la economía italiana. Uno puede escucharla al realizar compras, pago de servicios o reparaciones de cualquier tipo. El país transalpino tiene una cultura del efectivo que contribuye a una de las economías sumergidas más grandes de Europa (211.000 millones de euros, el 11% del PIB, según el instituto estadístico italiano). El problema, cree el Gobierno, es que más allá de la picaresca del fontanero, las compras en pequeños negocios o la odisea de encontrar en Roma un taxi que acepte tarjeta, se trata de un profundo acercamiento cultural a la cuestión del plástico y el dinero digital. Hay desconfianza y sensación de que resulta más caro. Por eso, de cara a las Navidades y en plena crisis provocada por la pandemia, el Ejecutivo ha decidido incentivar el pago con tarjeta mediante bonificaciones del 10% en todas las compras. El sistema, una aplicación donde hay que registrar los distintos métodos de pago digitales de los que se dispone, cuenta ya siete millones de descargas. Un éxito que ha derivado también en problemas técnicos.


